El reloj marcaba 71 minutos en Villa Maipú cuando Alejandro Orfila mandó a la cancha dos modificaciones en simultáneo: Matías Ignacio García reemplazó a Laureano Rodríguez para reordenar la contención, mientras que Matías “Caco” García ingresó por Gabriel Carabajal para buscar claridad en los metros finales. Instantes después, San Martín dio vuelta un partido adverso gracias al doblete de Luca Arfaras y se llevó tres puntos fundamentales. El ingreso de ambos futbolistas dejó a la vista dos soluciones tácticas distintas para un equipo que entra en las últimas diez fechas de la fase regular con la obligación de clasificar al Reducido en la posición más alta posible.

Equilibrio y disciplina

Desde la asunción de Orfila en el "Santo", el mediocampo titular encontró casi siempre a la dupla Agustín Graneros y Santiago Briñone como eje. Las variantes fueron escasas y forzadas: Milton Ríos y Laureano Rodríguez entraron cuando Briñone estuvo sancionado, mientras que el propio Rodríguez cubrió la ausencia de Graneros en apenas un par de encuentros. Sin embargo, ese sector mostró dos problemas recurrentes: el desajuste en el retroceso y una alta cantidad de amonestaciones.

Los números lo confirman. Briñone acumula 10 tarjetas amarillas en 22 presentaciones en el año (lo amonestan en el 45% de los partidos). Además, nueve de ellas fueron en la Primera Nacional, lo que significa que una más le costará una sanción de dos fechas. A eso se suma que el volante central ya vio una tarjeta roja en el torneo. Por su parte, Graneros arrastra 6 amonestaciones en tan solo 10 compromisos disputados (60%).

Ahí es donde la vuelta de Matías Ignacio García, tras rescindir su vínculo con Deportivo Riestra, aparece como una alternativa de orden y experiencia. En su paso previo por La Ciudadela sumado al reciente debut en 2026, el volante central acumuló 70 partidos, con 21 tarjetas amarillas (un 30%), además de tener una sola expulsión en toda su trayectoria profesional. Con un perfil más posicional que el de Briñone, su presencia ofrece una garantía de contención sin el riesgo constante de quedar condicionado por las sanciones arbitrales.

REFUERZO. Matías Ignacio García llegó gracias al cupo que liberó la venta al exterior de Tiago Peñalba.

“Esto es como mi casa”, remarcó Matías Ignacio tras su reestreno. “Siempre lo seguía al club. Lo único que no podía ver era cuando nos tocaba jugar en el mismo horario, pero veía los partidos, veía a los chicos”, confesó.

Jerarquía para el final

En tres cuartos de cancha, la situación del “Caco” García (34 años) es distinta. Condicionado por reiteradas lesiones que lo marginaron de varias convocatorias a lo largo del certamen, su participación en 2026 fue discontinua: disputó 13 encuentros en el torneo (solo tres como titular y 10 ingresando desde el banco), con 407 minutos en total, un gol y dos asistencias.

Los números generales respaldan su peso histórico en el club, con 106 partidos oficiales, 10 goles y 12 asistencias. No obstante, en el esquema actual de Orfila su rol parece más el de un “suplente de lujo”. Frente a Chacarita, con el equipo necesitado de inventiva tras el desgaste de Carabajal, a “Caco” le alcanzaron un par de intervenciones para asistir a Arfaras en el 2-1 y manejar los tiempos del balón en campo contrario. Su jerarquía individual y su pegada lo convierten en un recurso valioso para abrir cotejos cerrados o destrabar los últimos 20 o 30 minutos de juego.

Consciente de las urgencias del plantel tras cinco fechas sin victorias, el propio “Caco” reconoció el valor anímico del triunfo en Villa Maipú: “Esto nos da un poco de tranquilidad. Queremos salir de esta situación y ojalá que pueda ser el inicio de una buena racha”.

Experiencia y oficio

El valor de ambos futbolistas no se limita a su rendimiento dentro del campo, sino también a su conocimiento de las presiones de La Ciudadela. Con el choque ante Güemes cerca y el objetivo de asegurar una plaza en el Reducido, San Martín necesita solvencia para sostener los resultados.

Para Matías Ignacio, el triunfo debe funcionar como un punto de inflexión para encarar las diez fechas restantes: “Ojalá sea un punto de despegue. Creo que tenemos jugadores como para pelear el ascenso y ojalá sea un puntapié para lo que venga. Dimos una muestra de carácter y espero que esto nos sirva para el domingo de local, que estamos en deuda con la gente”.

Uno aporta el equilibrio defensivo y la templanza que el círculo central pedía a gritos; el otro suma la claridad y el toque de distinción para resolver partidos desde el banco. Con perfiles distintos, los dos García entraron en Villa Maipú y dejaron una señal clara para lo que viene: San Martín tiene, en un solo nombre, dos piezas esenciales para el sprint final del torneo.